Posteado por: Estudios Bíblicos Viviendo en la Verdad | noviembre 11, 2014

Jesús, enséñanos a orar

En una ocasión los discípulos le pidieron a Jesús que les enseñara a orar y Él le respondió con una oración que explicaba algunos puntos importantes a considerar mientras oramos:

Nuestra oración es dirigida al Padre
“Padre nuestro”

Y todo lo que pidieres al Padre en mi nombre , lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. (Juan 14:13)
De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidieres al Padre en mi nombre , os lo dará. (Juan 16:23b)

Lo que Jesús especifica en este texto es que nuestras oraciones siempre deberán ser dirigidas al Padre en el nombre de Jesús.  Y aunque además menciona el hecho de que todo lo que pidamos nos será concedido, es importante que recordemos que Dios no siempre nos complacerá en todo lo que pidamos. De la misma manera que un padre amoroso le niega a sus hijos aquellas cosas que sabe que pueden ser perjudiciales para su vida, Dios no siempre dice “si” a todas nuestras peticiones para evitar que nos apartemos de Él.

Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. (Santiago 4:3)

Reconocemos el lugar donde habita
“Que estás en los cielos”
Es importante que reconozcamos la majestad de Dios y con quien hablamos. Nada está oculto a los ojos de Dios. Nuestra oración es simplemente una manera de recordarle lo que Él ya de antemano sabe y conoce sobre nosotros y de desarrollar una estrecha relación con Él, reconociendo que sin su intervención en nuestra vida no podemos hacer nada.

Nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho. (Salmos 115:3)

Reconocemos su Santidad
“Santificado sea tu nombre”
Dios es Santo, y aunque su santidad no implica que Él nos rechazará si le fallamos en un momento determinado,  Él si espera que nosotros vivamos en santidad manifestando el carácter de Cristo a través de nuestra vida y teniendo una actitud de arrepentimiento cuando nos hemos equivocado.

Sed santos, porque yo soy santo. (1 Pedro 1:16)

Pedimos su manifestación en la tierra
“Venga tu reino”
Es el deseo de Dios manifestarse en medio nuestro, y Él espera que cada día pongamos a Su disposición nuestra vida para ello. Cuando pedimos que venga su reino estamos pidiendo que Jesucristo sea manifestado.

Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder. (1 Corintios 4:20)

Y este poder del que habla este texto no necesariamente implica una manifestación sobrenatural y espectacular de Dios, sino el poder del Espíritu Santo a través de nuestra vida reflejando el carácter de Cristo, que sólo puede ser posible a través del poder del Espíritu Santo y la gracia de Dios.

Nos sometemos a su voluntad
“Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”
Someternos a la voluntad de Dios es aceptar Su soberanía sobre nuestras vidas, entendiendo que todo lo que sucede a nuestro alrededor y en nuestra vida está bajo el control de Dios y opera para el cumplimiento de sus propósitos eternos. Por ello oramos de la misma manera en que lo hizo Jesús cuando estaba en el Getsemaní…

Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. (Lucas 22:42)
Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. (Isaías 55:8-9)

Pedimos su provisión
“El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”
Al pedir a Dios provisión reconocemos nuestra dependencia de Él no sólo en lo material, sino también en lo físico y espiritual, y aceptamos que nuestras fuerzas humanas no son suficientes para ello.

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. (Mateo 7:7 RVR1960)
Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. (Filipenses 4:19 RVR1960)

Pedimos perdón por nuestras faltas
“Y perdónanos nuestras deudas”
A pesar de caminar de la mano de Dios, siempre estamos expuestos a las fallas y errores, y aunque Dios entiende que no somos perfectos si espera que los reconozcamos y que hagamos lo que sea necesario para no volver a repetirlos.

Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios. (Salmos 51:17 RVR1960)

Perdonamos
“como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”
De la misma manera en que Dios nos perdonó por medio de Cristo y nos perdona cada día, espera Él también que perdonemos a los demás aún cuando consideremos que no lo merecen. Nuestra falta de perdón se constituye en un estorbo para nuestra oración porque al no hacerlo nuestro corazón se endurece y nos impide tener comunión con Dios.

Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete. (Mateo 18:21-22 RVR1960)
Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. (Marcos 11:25 RVR1960)

Pedimos ser guardados de la tentación y el mal
“Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal”
Todos sin excepción estamos expuestos a la tentación y el mal, y la  oración es el único recurso que Dios nos dejó para poder vencerlos, porque es a través de ella que recibimos la fortaleza, el discernimiento y la sabiduría para poder resistirlos y salir victoriosos en medio de ellos.

Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. (Mateo 26:41 RVR1960)
Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar. (1 Pedro 5:8 RVR1960)

Reconocemos el dominio de Dios sobre todas las cosas 
“porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos”
Y porque aceptamos esto, entendemos que todo lo que sucede a nuestro alrededor está bajo el control de Dios aún cuando en ocasiones no lo podamos comprender.

Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten. (Colosenses 1:16-17 RVR1960)

La oración no requiere de palabras especiales y rebuscadas sino de un corazón contrito y humillado que reconoce su dependencia de Dios para todas las áreas de su vida y por ello le busca constantemente. Podemos hablar con Dios en cualquier momento y lugar, pero es importante que apartemos un tiempo de cada día para estar a solas con Él y Su Palabra. Esto dará lugar al reflejo de Su gloria a través de todas las cosas que emprendamos, y no necesariamente porque seamos librados de aquellas que constituyen una amenaza sino porque Dios estará con nosotros en medio de ellas para ayudarnos a salir victoriosos y dar testimonio a los demás del poder y la presencia de Dios en nuestra vida.

Posteado por: Estudios Bíblicos Viviendo en la Verdad | noviembre 6, 2014

La Oración

Desde el principio de la creación ha sido el propósito de Dios que mantengamos una estrecha relación con Él, reconociendo nuestra necesidad de su intervención en todos los aspectos de nuestra vida.

Jesucristo expresó en Juan 15:5 que separados de Él no podíamos hacer nada, y al manifestar esto dejó claramente reflejado nuestra necesidad de mantenernos en una estrecha comunión con Dios reconociendo nuestra incapacidad y limitaciones humanas para poder tener la vida abundante que Dios manifestó en Juan 10:10 para cada uno de sus hijos. Una vida que no necesariamente estaría libre de problemas sino que por su dependencia y relación con Dios a través de una vida de oración, obtendría la victoria en medio de cualquier circunstancia.

Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo. (Juan 16:33b NTV)

La oración es la manera en que desarrollamos nuestra relación con Dios, y a diferencia de la intercesión es un diálogo y no un monólogo, no es una lista de peticiones sino una amistad donde tanto hablamos nosotros como escuchamos a Dios, recordando que lo que Él nos exprese siempre estará sujeto a lo que está escrito en la Palabra de Dios.

Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. (Mateo 6:6 RVR1960)

Para que nuestra vida sea edificada y podamos permanecer firmes en nuestra vida diaria es imprescindible apartar un tiempo de cada día para estar a solas con Dios y Su Palabra, y mantenernos en una constante comunicación con Él en dondequiera que nos encontremos ya sea a través de nuestros pensamientos o de nuestra palabra hablada. Y esto no de una manera metódica sino reconociendo que siempre debemos acudir primero a Dios ante cualquier circunstancia que se nos presente en nuestro diario vivir para recibir una dirección clara y correcta de lo que enfrentemos en un momento determinado. Uno de los aspectos más motivadores de la oración es que podemos hablar con Dios en cualquier lugar y circunstancia en que nos encontremos porque Él puede leer nuestros pensamientos y aún discernir las intenciones de nuestro corazón. Cuando desarrollamos una estrecha relación con Dios nuestras cargas serán más llevaderas y podremos percibir a Dios de una manera más clara en cada aspecto de nuestra vida.

Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso. (Mateo 11:28 NTV)

Sobre todas las cosas, cuando desarrollamos una estrecha relación con Dios a través de una vida de oración, entenderemos que “a los que amamos a Dios todas las cosas nos ayudan a bien” (Romanos 8:28) y podremos darnos cuenta de que aunque en ocasiones sucedan eventos que amenazan con destruirnos, al final Dios los usará para producir una mayor bendición en nuestra vida que nos ayudará a conocerle de una manera más profunda y a entender más claramente los propósitos eternos de nuestra existencia.

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